24/01/2010

UNA HADA BAILAORA EN BUSCA DE SU DUENDE


                             Maria Albers / Foto: Andrés Lasso Ruales
                                                              


Con apenas tres años de edad, Maria Albers se imagina y se vaticina a sí misma que el baile será su esencia, su pasión y su refugio. De origen alemán, brasileña de Rio Grande do Sul y gitana por cuenta propia, esta bailaora de Flamenco es una mistura de culturas que siempre busca su libertad al compás de su zapateo y su caminar.

Sus ojos tiernos y bailaores se pierden en la memoria y llaman a la nostalgia cuando recuerda el primer momento que pisó Brasil, cuando dijo a sus padres que quería ser bailarina. Niña tímida por naturaleza, a sus cortos 12 años en una reunión con sus pequeñines amigos y amigas tuvo miedo de bailar, pero todo eso fue parte del baile para lo que sería el futuro.

En el período de su niñez y adolescencia vivió en Sapiranga, ciudad del interior de Rio Grande do Sul, Brasil. Cuando era pequeña ingresó a danzar Ballet, pero en la adolescencia paró porque era un niña muy alta y se encontraba fuera de los moldes de la danza clásica, esa fue su primera frustración artística.

“Hoy día conseguí entender que si no hubiese sido por la danza,  me había enfermado” dice Maria con una expresión total de reflexión y sus ojos  perdidos.

A los 18 años, la bailaora brasileña deja su natal Sapiranga, para vivir en Porto Alegre y conoce una amiga que tiene los mismos sueños y deseos, juntas entran al ritmo andaluz en procura de nuevas emociones. La profesora Silvia Canarini, fue su maestra iniciadora y cada día que pasaba al ritmo y compás de palmas y zapateos el flamenco y Maria comenzaron un romance sin fin.

Poco a poco, la muchacha con rasgos moros iba descubriendo un mundo que lo llamaba y que tal vez, lo pertenecía siempre. Graduada de profesora de Ciencias Sociales, la chica Albers decide estudiar danza profesionalmente para alternar su carrera y su corazón. Zapateando aprendió a salir del aire y quedarse en tierra con rebeldía y fuerza, el flamenco se convirtió en su casa y su gitanidad le salía a flor de piel.

El cajón es su instrumento preferido cuando se encuentra sola, la caja gitana se convierte en una voz interior, la Maria de Aire busca rápidamente la tierra para afirmarse y que la fuerza del flamenco le penetre el alma.

“Cuando toco Cajón, el ritmo está en mí y me sale por las venas” dice como anhelando tocar y sus manos comienzan a moverse al ritmo de sus dedos.

Nota: El nombre de Maria es sin tilde.

Continuará…………………………………………….

Andrés Lasso Ruales





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